El Quijote contado por capítulos: PARTE 1

PARTE 1


CAPÍTULO 1: Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha


En el primer capítulo de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” se explica la situación de El Quijote, y así mismo, se contextualiza. La narración empieza configurando al personaje: un hidalgo que rondaba los cincuenta años, que tenía tierras y que, al parecer, tenía una hacienda, sin embargo, no era necesariamente rico. Así mismo, el primer capítulo expone el contexto que hace posible la historia de esta novela: un hidalgo con una afición desenfrenada por los libros de caballería y que por consumir y trasnochar esa clase de literatura termina perdiendo el juicio por completo.

En este capítulo se puede observar como El Quijote se aferra a la idea de vivir una aventura y, según las palabras en el escrito, sucede lo siguiente: “En efecto, rematando ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban”.

El Quijote, ya en su fantasía, saca las armas de batalla pertenecientes a su abuelo y se prepara, así mismo, en este capítulo nombra a su caballo “Rocinante”, puesto que para él: “No era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido”. Y cuán caballero con nombre resonante, se autoproclama “Don Quijote de la Mancha”.

Por último, y no por menos más importante, a El Quijote le pareció indispensable buscar una dama de quién enamorarse: “Porque el caballero andante sin amores era como árbol sin hojas y sin frutos y cuerpo sin alma”, fue así como ideó a su mujer ideal, la tan virtuosa y celestial Dulcinea del Toboso.

Es así cómo concluye el primer capítulo de El Quijote de la Mancha.

 

CAPÍTULO 2: Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso Don Quijote

El segundo capítulo narra cómo El Quijote sale de su hacienda una mañana de julio. Don Quijote lleva consigo sus armas, su vestidura de caballero y a su fiel corcel Rocinante. Don Quijote va con la idea fantasiosa de encontrar aventuras apenas atravesando el umbral de su casa, cosa que, desde luego, no fue así. Don Quijote atravesó el campo de Montiel al amanecer, cuando apenas la rosada aurora hacía acto de presencia. Fue así como Don Quijote cabalgó y anduvo por el campo y hasta más.

Ya sediento, cansado, con hambre y sin fuerzas, Don Quijote se topó con una esperanzadora venta, a la cual confundió con un flamante castillo: “Era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puerta levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan”. En la entrada de la venta se encontraban dos mozas a las que Don Quijote confundió con dos doncellas del castillo, así mismo, se encontró con un ventero, a quién adjudicó semejante “castillo”.

Las mozas atendieron a Don Quijote y le dieron de comer, estas mozas constantemente se burlaban por la manera de hablar de Don Quijote, así mismo, les parecía simpático cómo Don Quijote les adjudicaba título de mozas que, según el texto, ese adjetivo estaba muy alejado al título de su profesión.

El capítulo termina cuando Don Quijote está cenando y se plantea la idea de ganar su título de caballero legítimamente.

 

CAPÍTULO 3: Donde se encuentra la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse Caballero

En el tercer capítulo de “Don Quijote de la Mancha”, se narra el proceso que Don Quijote tuvo que pasar para convertirse “legítimamente” en un caballero.

En primera instancia, Don Quijote hace llamar al ventero a las caballerizas, donde se encierra con él y le ruega de rodillas que lo convierta en un caballero legítimo; el ventero, aprovechándose de la situación, decide seguirle la corriente para reírse de la locura de Don Quijote de la Mancha. El ventero le da un consejo a Don Quijote, el cual consta de llevar dinero consigo en caso de no tener un escudero, o bien, ungüentos mágicos que curen heridas o golpes. El Quijote promete seguir los consejos del ventero.

Seguido a esto, El Quijote se presta a velar las armas del castillo (que en realidad era la venta) toda la noche. El ventero invita a las personas de la venta a ver las acciones de El Quijote, y la gente no puede evitar reír con todo lo que hace.

Es entonces cuando un arriero se acerca a la pila con el objetivo de darles agua a sus animales, el problema era que las armas se encontraban allí, fue entonces cuando Don Quijote advirtió al arriero que dejase las armas allí; el arriero, como era de esperarse, no hizo caso omiso y fue cuando Don Quijote tomó armas y lo golpeó, dejando aturdido al primer arriero. Seguidamente, apareció otro arriero en las mismas circunstancias, fue entonces cuando Don Quijote actuó de la misma manera con el segundo arriero.

Ya las personas de la venta comenzaron a amontonarse, y seguidamente, a linchar a Don Quijote; el ventero lo defendió excusándolo por su locura y las personas poco a poco cedieron.

Al final, el ventero, con propósito de deshacerse de El Quijote, decide darle lo que quería: convertirlo en un legítimo caballero. El ventero hace una ceremonia chica con La Molinera y La Toldosa (a las que El Quijote pide llamarse Doña Molinera y Doña Toldosa), y acabada la ceremonia donde El Quijote se convirtió en un caballero, toma a Rocinante y abandona la venta.

Es entonces cuando termina el capítulo tres de El Quijote.

 

CAPÍTULO 4: De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

En el cuarto capítulo de El Quijote de la mancha, El Quijote decidió marchar de la venta al amanecer. El Quijote, para este punto de la historia, estaba feliz por ser legalmente un noble caballero, y como un hombre desesperado, quería utilizar su poder para tener una pronta aventura qué contar digna de un caballero honrado.

El Quijote transitaba por el campo cuando escuchó unos gritos desesperados, fue cuando se encontró con un labrador de nombre Juan Haldudo, este hombre azotaba a un pobre joven de escasos 15 años, quien presuntamente respondía al nombre de “Andrés”. El Quijote, como si le estuvieran dando los azotes a él mismo, interfirió en los golpes y preguntó al azotador porqué hacia lo que hacía, el labrador respondió que Andrés era su mozo y que cuidaba a su rebaño, sin embargo, siempre que regresaba se le desaparecía una oveja y Juan alegaba que el muchacho se merecía esos azotes y hasta más. El Quijote hizo un acuerdo con el labrador, y con palabra de varón le dijo que él mismo pagaría los agravios del muchacho, en cuanto a la pérdida del rebaño se refería, pero El Quijote fue claro y dijo que no quería que golpeara más al muchacho.

El labrador pareció convencerse, incluso juró su palabra ante El Quijote, pero apenas y El Quijote se fue el labrador volvió a amarrar al mozo y a azotarlo de nuevo innumerables veces más por bocón.

El Quijote se dirigía a su casa por el consejo que le dijo el ventero: “lleva siempre dinero y camisas”. Pero en su camino, después de que se le atravesaba el labrador azotador, se les atravesó unos mercaderes, y El Quijote, como siendo invitado por ellos, se dirigió hacia donde estaban y comenzó a decir: “Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso”. Los mercaderes se dieron cuenta, por la figura de El Quijote, que se trataba de un loco solamente, pero un mercader burlón decidió seguirle el juego a El Quijote, y dijo que no había escuchado de una tal Dulcinea del Toboso, y que seguramente le enseñara un retrato de ella, aún si estuviera bizca o jorobada, admitiría que estaba hermosa.

El Quijote, como era de esperarse, se ofendió con las palabras del mercader, y rápidamente decidió defender el honor de su doncella Dulcinea del Toboso, pero cuando intentó tirar un golpe Rocinante cayó, y no solamente cayó, sino que azotó encima de  El Quijote.

Un chico mercader se aprovechó de la situación y decidió golpear a El Quijote hasta dejarlo completamente molido e inmóvil, hasta que su coraje lo detuviera.

El capitulo termina cuando El Quijote, completamente molido y deshecho, intenta levantarse del suelo.


CAPÍTULO 5: Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero

Este capítulo comienza con El Quijote tirado en el suelo completamente inmóvil después de la paliza del mercader y la aplastada de Rocinante. Es entonces cuando comienza a recitar una parte de un libro de caballería, y justo en ese momento aparece un labrador que resultó ser vecino de El Quijote, su nombre era Pedro Alonso.

Pedro Alonso levanta a El Quijote y decide llevarlo a su casa, cosa de la que naturalmente se arrepintió al instante, pues El Quijote hablaba y deliraba constantemente sobre la identidad de el labrador y la suya misma; El labrador, como es natural, trató de convencerlo y le dijo: “Mire vuestra merced, señor, ¡pecador de mí! Que yo no soy Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana”. Pero aún después de la aclaración del labrador, El Quijote se mantuvo en su posición.

Cuando estos dos personajes llegaron a la casa de El Quijote, lo primero que se encontraron fue al cura (Pero Pérez), el barbero (Nicolás) y la sobrina del Quijote hablando, precisamente hablaban de la desaparición del Quijote (quién para ese punto, llevaba 3 días desaparecido y sin rastro de él). El barbero, el cura y la sobrina hablaban de la pérdida de juicio que tuvo El Quijote, y con recelo culpaban a los libros y las trasnochadas a las que El Quijote se sometía por leer esa clase de libros.

¡Sorpresa de los tres al ver llegar al labrador y a El Quijote juntos! El Quijote no podía ni con su alma, y cansado pedía ayuda para recostarlo en una cama, pues se encontraba gravemente herido. El labrador explicó como pudo lo que había pasado y en el estado que encontró a El Quijote. Rápidamente fueron a recostar a El Quijote y después volvieron a su plática.

Con esa situación la sobrina estaba decidida que esos libros eran peor que los de herejía, y el cura tuvo una idea que le pareció demasiado sensata para la ocasión: Quemar esos libros tan llenos de locura.

Hasta aquí se concluye en capítulo número cinco.


CAPÍTULO 6: Del donoso y grande escrutinio que el Cura y el Barbero hicieron con la librería de nuestro ingenioso hidalgo

En el capítulo 6, el Cura, el Barbero, la sobrina y el ama entraron a la librería de El Quijote, aquí encontraron más de 100 ejemplares de libros dispersos, algunos en muy buen estado, otros no tanto.

El ama, en primera instancia, se apresuró a querer esparcir agua bendita en aquellos libros tan llenos de males, cosa que al Cura le causó mucha gracia. El Cura, más temprano que tarde, le pidió al Barbero que le pasara los libros uno a uno para ver de qué trataban, pues no quería quemar uno que mereciera la pena. Por su puesto, el ama y la sobrina no estuvieron de acuerdo, pues ellos querían muerte a todos esos libros que ocasionaron la locura en El Quijote.

El Cura y el Barbero seleccionaron los libros que quemarían y no quemarían, pues el ama y la sobrina querían que se quemaran todos. Entre los que se salvaron estaban: “Tirante Blanco”, “Amadís de Gaula”, “La Diana” de Montemayor, “Las lágrimas de Angélica” y una mención de “La Galatea” de Miguel de Cervantes, mismo quien escribe este libro.

El capítulo 6 se concluye así.



CAPÍTULO 7: De la segunda salida de nuestro buen caballero Don Quijote de la Mancha

En el capítulo 7 El Quijote parece resucitar después de tremendo golpe. Aquí, el cura y el barbero tienen una excelente idea para explicar la ausencia de los libros a El Quijote, es así como se inventaron la siguiente “historia”: Un mago se adentró a la casa y se llevó los libros por la enemistad que tenía con el dueño de estos. Esa mentira la llevaría a cabo la sobrina y la servidumbre.

Fue entonces cuando despertó El Quijote, y como era de esperarse, lo primero que hizo fue correr tras sus libros, y al percatarse que no estaban, llamó a su ama y a su sobrina, quienes comenzaron con la mentira. El Quijote, con su ingeniosa imaginación, se inventó a un mago llamado Frestón, quien sería su enemigo a muerte.

Fue así como el Quijote duró 15 días sosegado en su casa (al parecer), pero solamente se encargó de meterle ideas a un labrador, vecino suyo, para que fungiera de escudero. Este pobre labrador se llamaba Sancho Panza, y hombre que no tenía ni un peso en sus bolsillos, aceptó los disparates de Don Quijote por una promesa de una ínsula, en la cual, el pobre labrador sería el gobernador.

Fue así como una noche, Sancho Panza y Don Quijote salieron sin aviso, Sancho dejando a su mujer, Juana Gutiérrez, y a sus hijos. Don Quijote dejaría de nuevo a su sobrina y a su ama.

A lo largo del camino, Sancho Panza se dedicó a fantasear sobre su ínsula, al mismo tiempo, le recordaba a El Quijote sobre la promesa que le había hecho.

Así se culmina el sétimo capítulo de El Quijote.


CAPÍTULO 8: Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura en los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

En el capítulo 8 suceden dos aventuras de lo más graciosas.

En la primera, El Quijote se enfrenta a cuarenta molinos de viento, a los cuales confunde con gigantes enviados por su terrible enemigo Frestón. Su fiel escudero, Sancho Panza, intenta advertirle que no son más que molinos de viento, pero El Quijote no escucha y se enfrenta a uno. Como era de esperarse, El Quijote sobre lesiones a causa de su locura.

La segunda, se trata de otra confusión visual. Dos frailes de la orden de San Benito que venían con dos mulas, y un carruaje en donde se transportaba una señora vizcaína. La imaginación de Don Quijote no tuvo límites, y confundió a los frailes con dos encantadores que raptaron a una princesa.

Rápidamente, El Quijote arremetió contra el primer fraile, que cayó instantáneamente. El segundo fraile, al ver cómo trataban a su compañero, decidió huir. Sancho Panza entró en acción y comenzó a desvalijan al fraile caído, pues según él, eso le correspondía por derecho.

En esta última parte del octavo capítulo, El Quijote pide a la vizcaína visitar Toboso para decirle a su amada Dulcinea el acto heroico que hizo, sin embargo, comenzó otra guerra, pues el escudero vizcaíno que acompañaba a la dama se encontraba encolerizado porque obstruían su paso, y se enfrentó rápidamente a Don Quijote amenazándolo a palabra y con una lanza.

Don Quijote rápidamente aceptó la pelea y comenzaron.

El capítulo octavo se culmina narrando la pelea, sin embargo, se señala que en la segunda parte se continúa dicha contienda.



Y así se concluye la primera parte de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". 

 

 

 

 


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